sábado, 7 de febrero de 2015

Construir Fuerza Interior , Resiliencia y Empatia

El pensamiento de Boris Cyrulnik(*) (I)
Aldo Melillo (**)
LA PERSONA
Nacido en Burdeos en 1937 en una familia judía, Boris Cyrulnik sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi del que él logró huir cuando sólo tenía 6 años. Tras la guerra, deambuló por centros de acogida hasta acabar en una granja de la Beneficencia. Por suerte, unos vecinos le inculcaron el amor a la vida y a la literatura y pudo educarse y crecer superando su pasado (1).
No es ni mucho menos gratuito que el Dr. Cyrulnik haya indagado tan a fondo en el trauma infantil: con siete años vio cómo toda su familia, emigrantes judíos de origen ruso, eran deportados a campos de concentración de los que nunca regresaron. "No es fácil para un niño saber que le han condenado a muerte". Era el típico caso perdido, un "patito feo" condenado a llegar a la edad adulta convertido en un maltratador, un delincuente o un tarado.
SU DESARROLLO
Su "resiliencia" personal, su nexo de unión con la vida, fueron las personas, los libros y el ‘rugby’: -"Estudié medicina por un deseo de seguridad, de integración; nadie duda que es porque mi familia fue deportada por lo que yo quise orientarme hacia la psiquiatría, explorar la mente humana y dar un sentido a lo incomprensible".
Dar un sentido a la vida es un aspecto inescindible del proceso resiliente.
Boris Cyrulnik se transformó en un neuropsiquiatra, psicoanalista y estudioso de la etología, siendo uno de los fundadores de la etología humana.
LA RESILIENCIA Y LA PSICOLOGÍA
La resiliencia se define como la capacidad de los seres humanos sometidos a los efectos de una adversidad, de superarla e incluso salir fortalecidos de la situación.
Uno de los mayores aportes de nuestro autor, gira alrededor de colocar el concepto de resiliencia en una relación privilegiada con la psicología. Para Cyrulnik, la diferencia entre las escuelas psicológicas norteamericana y latina (europea y, agregamos, latinoamericana), reside precisamente en la aceptación de la "resiliencia". En la escuela estadounidense apenas se da crédito a éste concepto, que para Boris Cyrulnik está empíricamente demostrado, a través de múltiples experiencias (2).
En "Algunos fundamentos psicológicos del concepto de resiliencia" (3), antes de entrar en contacto con el pensamiento de Cyrulnik, planteamos con las Lic. Mirta Estamatti y Alicia Cuestas, como se podía justificar el desarrollo de los pilares de la resiliencia (a partir de su descripción por Edith Grotberg) desde una perspectiva psicológica, puntualizando la necesidad del "otro" humano para que todos y cada uno de los pilares se construyeran en la trayectoria histórica del sujeto. Esto facilita la comprensión de qué significa la promoción de esos pilares, dando pistas seguras para analizar programas educativos, sociales y de salud. Además vinculábamos el concepto de resiliencia con el de salud mental, en el sentido de la semejanza o coincidencia de las acciones promotoras de resiliencia con las que tratan de desarrollar la salud mental. Desde el punto de vista de la resiliencia el aspecto quizás más especial y original es el énfasis de la necesidad del otro como punto de apoyo para la superación de la adversidad.
Entre las múltiples experiencias que justifican el concepto de la resiliencia, Boris Cyrulnik (4) explica cómo un alumno suyo realizó un estudio comparativo de lo que ocurría durante la guerra del Líbano en Beirut y en Trípoli: Mientras Beirut fue la ciudad más cruelmente bombardeada, con más muertes y meses de asedio, los estudios sobre el terreno demostraron que en Beirut los niños presentaban mucho menos casos de síndrome post- traumático que en Trípoli, que estuvo más tranquila. La explicación: la propia situación de Beirut hizo que aumentase la solidaridad y el contacto en las familias mientras que en Trípoli los niños estaban sufriendo simple y llanamente abandono afectivo.
Los huérfanos rumanos con los que trabajaron tras la caída de Ceaucescu, pasaron de ser autistas a poder estudiar una carrera o formar una familia, tras un programa de hogares de acogida. Más sorprendente fue el polémico estudio sobre los chicos con problemas de abuso en el seno familiar, en los que se comprobó, que el trauma no venía del hecho en sí del abuso, sino de la falta de afectos en el trato familiar diario.
LAS CLAVES DE LA RESILIENCIA: EL OXÍMORON
Así, la clave reside en los afectos, en la solidaridad, y éstos en el contacto humano.
Por muy grave que sea lo que haya sufrido un niño, la psique se revela tan flexible, que con los ingredientes del contacto humano, el entendimiento, la palabra, se puede volver "a flote". Boris Cyrulnik explica que ha elegido éstos casos extremos porque son más fáciles para visualizar el problema, pero la resiliencia (y el trauma) no tiene fronteras de nacionalidad o condición y preguntado por si hay alguna edad tope, respondió riendo: "Hasta los 120 años, en Toulon estamos trabajando con mayores enfermos de Alzheimer, que olvidan las palabras, pero no los afectos, los gestos, ni la música" .
Boris Cyrulnik (5) ha realizado aportes sustantivos sobre las formas en que la adversidad hiere al sujeto, provocando el estrés que generará algún tipo de enfermedad y padecimiento. En el caso favorable, el sujeto producirá una reacción resiliente que le permita superar la adversidad. Su concepto de "oxímoron", que describe la escisión del sujeto herido por el trauma, permite avanzar aún más en la comprensión del proceso de construcción de la resiliencia, a la que le otorga un estatuto que incluye entre los mecanismos de defensa psíquicos, pero, aclara, más concientes. Estos corresponderían en realidad a los mecanismos de desprendimiento psíquicos, descriptos por Edward Bibring (6), que a diferencia de los mecanismos de defensa, apuntan a la realización de las posibilidades del sujeto en orden a superar los efectos del padecimiento.
En la visión de Cyrulnik la resiliencia significa un mensaje de esperanza "porque en psicología nos habían enseñado que las personas quedaban formadas a partir de los cinco años. Los niños mayores de esa edad que tenían problemas eran abandonados a su suerte, se les desahuciaba y, efectivamente, estaban perdidos. Ahora las cosas han cambiado: sabemos que un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza y se le presta apoyo". La historia explica el presente pero nunca cierra el futuro.
Cyrulnik plantea que "todo estudio sobre resiliencia debería trabajar tres planos principales:
La adquisición de recursos internos que se impregnan en el temperamento, desde los primeros años, en el transcursos de las interacciones precoces preverbales, explicará la forma de reaccionar ante las agresiones de la existencia, ya que pone en marcha una serie de guías de desarrollo más o menos sólidas.
La estructura de la agresión explica los daños provocados por el primer golpe, la herida o la carencia. Sin embargo será la significación que ese golpe haya de adquirir más tarde en la historia personal del magullado y en su contexto familiar y social lo que explique los devastadores efectos del segundo golpe, el que provoca el trauma (sobre esta idea reconocía la autoría de Anna Freud).
Por último, la posibilidad de regresar a los lugares donde se hallan los afectos, las actividades y las palabras que la sociedad dispone en ocasiones alrededor del herido, ofrece las guías de resiliencia que habrán de permitirle proseguir un desarrollo alterado por la herida.
Este conjunto constituido por un temperamento personal, una significación cultural y un sostén social, explica la asombrosa diversidad de los traumas" (7). Él dice: "Imagínese que un niño ha tenido un problema, que ha recibido un golpe, y cuando le cuenta el problema a sus padres, a éstos se les escapa un gesto de disgusto, un reproche. En ese momento han transformado su sufrimiento en un trauma ".

SU PENSAMIENTO CRÍTICO
Es muy importante mencionar la filosa crítica social que el autor francés desarrolla a partir de la utilización que hace del concepto de resiliencia. Por ejemplo cuando afirma como "en el contexto cultural de los hospitales psiquiátricos de los años 1940, se hablaba mucho de la lucha por la vida, de la selección de los más fuertes, es decir de la eliminación de los más débiles. El amontonamiento de 120.000 enfermos mentales, las restricciones alimenticias, la ausencia de cuidados y la intención anunciada de eliminar a aquellos que contaminaban la raza facilitaron las decisiones insidiosas que hicieron pasar la mortalidad habitual de esos extraños hospitales de 6,88 % en 1938 a 26,48 % en 1941. (…) Pero los 40.000 enfermos que desaparecieron no dejaron huellas, ni escritos de relatos. Los horrores que contaban cuando podían testimoniar eran considerados como horribles delirios, pero la que estaba loca era la sociedad. Esos enfermos murieron en silencio que era lo que se deseaba después de la guerra, cuando se quiso reconstruir la nación sin arreglar las cuentas con el pasado". Su conclusión es que muchas veces la conducta social se resume en esta frase:
"Usted que ha sufrido tanto, díganos lo que pasó. Pero sólo tiene derecho a decir lo que queremos escuchar". (…) La cuestión es: ¿qué van a hacer con sus heridas? ¿Someterse y emprender carreras de víctimas que darían buena conciencia a quienes vuelen en su auxilio? ¿Vengarse exponiendo sus sufrimientos para culpabilizar a los agresores o a aquellos que se negaron a ayudarles? ¿Sufrir a escondidas y convertir sus sonrisas en máscaras? ¿Reforzar la parte sana de ustedes con el fin de luchar contra las magulladuras y volverse humanos a pesar de todo?" En esto último está la esencia de la resiliencia
Hoy en día la profundización y la cronificación del proceso de exclusión social en una sociedad cada vez más inequitativa, desafían la capacidad de los sistemas sociales, educativos y de salud para enfrentar tanta injusticia social. En ese marco de dolor social exacerbado, la promoción de la resiliencia se vuelve una necesidad y una obligación.
Yolanda Gampel (8) estudia el problema del dolor social definido como "el padecer que se origina en las relaciones humanas como conjunto"(Freud decía que de las tres causas de sufrimiento humano: los desastres de la naturaleza, el propio cuerpo o las relaciones con los otros seres humanos, esta última era la causa más frecuente e importante). Plantea la existencia en el sujeto de un "sustrato de seguridad" derivado de una base emocional equilibrada, posibilitada por un marco familiar y social estables. Son los padres o cuidadores sustitutos, como mediadores con el medio social, los que ayudan a su constitución a través de una acción neutralizadora de los estímulos amenazantes. Se trata de lo que Bowlby y Ainsworth llaman una relación de apego seguro y al mismo se remite Cyrulnik para caracterizarlo como una base para la construcción de resiliencia, aún cuando admite que una base insegura se puede corregir con buenas experiencias futuras.
La violencia social que fractura la continuidad existencial, haciendo que lo familiar (heimlich) se vuelva no familiar (unheimlich o siniestro), provoca una sensación de amenaza o trauma que genera en el sujeto otra estructura que llamamos el "sustrato de lo siniestro".
Se puede diferenciar asimismo, entre el contacto con una agresión social terrible y brutal, y el contacto con la agresión existencial que "trabaja y nos trabaja dentro de cada uno de nosotros". En el caso de los sometidos a una violencia brutal, el "sustrato de lo siniestro" no puede asimilarse o integrarse dentro de la estructura de seguridad existente hasta entonces.
Sin embargo cuando la violencia que "trabaja y nos trabaja" existencialmente es del orden de la pobreza, la exclusión o la desocupación, por ejemplo, con los grados de humillación constantes y repetidos que el sujeto debe soportar, también produce un fenómeno de asimilación imposible y de coexistencia de ambos sustratos.
En estos casos el sustrato de lo siniestro convive con el sustrato de seguridad y la persona se ve forzada a soportar un mundo escindido y con un yo también escindido que le permite negar lo siniestro para sostener la continuación de su existencia o simplemente sobrevivir, manteniendo a raya el resultado del trauma. Por este camino entramos en el territorio de la resiliencia.
Si la resiliencia constituye un proceso de entramado entre lo que somos en un momento dado, con los recursos afectivos presentes en el medio ecológico social, la falencia de esos recursos puede hacer que el sujeto sucumba, pero si existe aunque sea un punto de apoyo, la construcción del proceso resiliente puede realizarse (Cyrulnik).

LA PSICOLOGÍA DEL OXÍMORON
Boris Cyrulnik (9) utiliza para entender el fenómeno de la resiliencia el concepto de "oxímoron", que es una figura de la retórica que consiste en reunir dos términos de sentido opuesto para generar un nuevo significado: la "oscura claridad", un "maravilloso sufrimiento", el "sol negro" de la melancolía.
"Hay que ver el problema desde sus dos caras. Del exterior, la frecuencia de la resiliencia prueba que es posible recuperarse. Del interior del sujeto, estar estructurado como un oxímoron revela la división del hombre herido, la cohabitación del Cielo y el Infierno, la felicidad en el filo de la navaja".
"No se trata de la ambivalencia que caracteriza un movimiento pulsional donde se expresan sentimientos opuestos de amor y odio hacia una misma persona. El oxímoron revela el contraste de aquel que, al recibir un gran golpe, se adapta dividiéndose. La parte de la persona que ha recibido el golpe sufre y produce necrosis, mientras que otra parte mejor protegida, aún sana pero más secreta, reúne, con la energía de la desesperación, todo lo que puede seguir dando un poco de felicidad y sentido a la vida".
"La felicidad existe únicamente en la representación mental, por tanto es siempre fruto de la elaboración. Es algo a trabajar. Y ella se construye en el encuentro con el otro".
La escisión del yo no se sutura, permanece en el sujeto compensada por los recursos yoicos que se enuncian como pilares de la resiliencia: Autoestima consistente, independencia, capacidad de relacionarse, sentido del humor, moralidad, creatividad, iniciativa y capacidad de pensamiento crítico. Con algo de todo eso más el soporte de otros humanos que otorgan un apoyo indispensable, la posibilidad de resiliencia se asegura y el sujeto continúa su vida (10).
Podríamos decir que el concepto de oxímoron es equivalente al concepto de Freud de la escisión del Yo en el proceso defensivo: tal como lo describió inicialmente en los casos de fetichismo, frente al trauma psíquico de la amenaza de castración, el sujeto se escinde para poder continuar la satisfacción de sus pulsiones por una parte (un poco de felicidad y sentido de la vida), mientras a otro nivel sufre la continua acción de la amenaza recibida que sabe real y posible. Luego fue ampliando la aplicación de este tipo de defensa en las psicosis y neurosis, y aún en la vida "normal". Zuckerfeld (11) va más allá y plantea la escisión como un hecho fundante del aparato psíquico, como una condición del ser humano, y la incluye en su descripción de una tercera tópica.
Se trata entonces, en ambas perspectivas, de cómo el sujeto sobrelleva la adversidad construyendo una salida vital para superar el trauma, produciendo una modificación de su yo, la escisión, con el auxilio de la denegación.
Para Cyrulnik (12), cuando en la historia del sujeto ocurre un hecho exterior que le inflige una herida, ésta impregna el cuerpo y la memoria. El oxímoron se vuelve característico de la personalidad herida pero resistente, que porta su parte sufriente pero puede ser feliz a pesar de todo. Describe una patología del vínculo del sujeto con el mundo que habrá que restablecer, por eso un otro humano es indispensable.
El trauma puede ser el punto de partida de una estructuración neurótica o psicótica, pero también un punto de llegada en cuanto a generar una fuerte y útil estructura defensiva. La construcción del sistema psíquico incluye, y no como algo accesorio, el sistema de las defensas del Yo.
TRAUMA Y PRUEBA – BIENESTAR Y FELICIDAD
"Hay que distinguir entre trauma y prueba. Para hablar de trauma, es necesario haber muerto. No crean que es una imagen, es real. La gente traumatizada dice: 'No estoy segura de estar viva. He regresado del infierno y vuelto a la vida'. Algunos incluso dicen: 'La salida de los campos de la muerte no es el retorno a la vida. No soy un sobreviviente sino un retornado, un fantasma', lo que implica el curioso pensamiento de 'mientras más envejezco, más me alejo de la muerte'".
"Mucha gente sufre traumas y todo el mundo debe soportar pruebas. Pero en la prueba seguimos siendo nosotros mismos. No estamos muertos ni desgarrados. Frente a una prueba, pienso: 'He perdido mi trabajo. ¿Qué voy a hacer?'; 'Ella me abandonó. Siento una profunda pena, pero pienso que ella es una loca por haber dejado ir a un hombre como yo. Peor para ella'. Nos defendemos como podemos y seguimos siendo nosotros mismos" (13).
"Entonces la felicidad no es fatal, como tampoco lo es la desgracia. Se puede aprender a modificar estos sentimientos".
"El bienestar es físico. Uno se siente bien cuando todas sus necesidades están cubiertas. Se trata de una sensación inmediata. La felicidad, en cambio, es el resultado de una representación, de una esperanza, de un proyecto de existencia y se construye siempre en el encuentro con el otro. Para ilustrar esta diferencia, siempre cuento la historia de los picapedreros: paseo por un camino y veo a un hombre que está picando piedras. Hace muecas y sufre. Me explica que su oficio es idiota y que el trabajo muscular le hace mal. Más allá, un segundo picapedrero parece más apacible. Golpea tranquilamente la piedra y me dice que es un oficio al aire libre y que le basta para ganarse la vida. Un poco más allá, un tercer hombre pica piedras en éxtasis. Está radiante y sonríe. Me explica que el hecho de picar piedras lo hace muy feliz porque piensa que está construyendo una catedral. Aquellos que tienen una catedral en su cabeza son felices, aquellos que se contentan con lo inmediato sienten bienestar y aquellos que se desesperan por no tener otro oficio son desdichados. El gesto es igual en los tres casos pero es el significado del gesto lo que los vuelve felices o desdichados".
Sin embargo el pensamiento de Cyrulnik no es utópico, no dice que la felicidad es fácil de alcanzar sino solamente que es posible. El precio puede ser alto pero los que no lo intentan lo pagan más caro. Para el sujeto si la herida es demasiado grande, si nadie sopla sobre las brasas de resiliencia que aún quedan en su interior, será una lenta agonía psíquica.
"Los drogadictos confunden la felicidad con el bienestar momentáneo. El 'flash' de la droga les da una sensación de bienestar que se apaga de inmediato y los desespera, en tanto los que tienen un proyecto trascienden la realidad" (14).
"Una infelicidad no es nunca maravillosa. Es un fango helado, un lodo negro, una escara de dolor que nos obliga a hacer una elección: someternos o superarlo. La resiliencia define el resorte de aquellos que, luego de recibir el golpe, pudieron superarlo".

LA RESILIENCIA COMO TRAMA CON EL OTRO, CON EL ENTORNO SOCIAL
La resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre los dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social. Esto elimina la noción de fuerza o debilidad del individuo; por eso en la literatura sobre resiliencia se dejó de hablar de niños invulnerables.
Tiene contactos con la noción de apuntalamiento de la pulsión. Como dice Freud (15) "la libido sigue los caminos de las necesidades narcisistas y se adhiere a los objetos que aseguran su satisfacción". La madre que es la primera suministradora de satisfacción de las necesidades del niño, es el primer objeto de amor y también de protección frente a los peligros externos; modera la angustia, que es la reacción inicial frente a la adversidad traumática, en grado o medida aún mínima.
Ya mencionamos la necesidad de que el niño desarrolle un apego seguro como base de su futura resiliencia. En esto iba un reconocimiento de Boris Cyrulnik para quien él nombra como uno de sus maestros, John Bowlby y sus enseñanzas sobre la teoría del apego.
Esta condición inicial del sujeto sigue existiendo toda la vida, por eso durante toda la vida es fundamental otro humano para superar las adversidades mediante el desarrollo de las fortalezas que constituyen la resiliencia. En síntesis, el proceso de apuntalamiento de la pulsión lleva al otro humano y evita el atrapamiento en el mortífero solipsismo narcisista.
En la resiliencia, que atiende los efectos del estruendo más exterior, el Yo que lo padece, debe de todos modos gobernar la conmoción emocional. El estrés participa en el choque cuando la emoción sacude el organismo bajo el efecto de los golpes venidos de las agresiones sociales o del espíritu de los demás. Con frecuencia el estrés es crónico, y su efecto insidioso altera el organismo y el psiquismo que no toma conciencia.
Sin embargo siempre la autoestima, con la ayuda y la mirada de los demás, puede ser reorganizada y reelaborada por medio de nuevas representaciones, acciones, compromisos o relatos. Es discutible si el concepto de resiliencia pertenece a la familia de los mecanismos de defensa del yo. Quizás se deba recurrir al poco usado concepto de mecanismos de desprendimiento del yo, introducido por E. Bibring (16), que "no tienen por finalidad provocar la descarga (abreacción) ni hacer que la tensión deje de ser peligrosa (mecanismo de defensa). Sin negar que durante el proceso se producen fenómenos de abreacción en pequeñas dosis", se trata de operaciones yoicas que apuntan a dispersar las tensiones dolorosas en otros complejos de pensamientos y emociones con efectos compensatorios; o bien, como en el trabajo de duelo, generan el desprendimiento de la libido del objeto perdido para transferirla a otros. Un tercer modo es la familiarización con el peligro para poder superarlo en forma contrafóbica. Lagache (17) siguiendo a Bibring, señala el paso de la repetición a la rememoración pensada y hablada. Para él, las operaciones de desprendimiento del yo permiten neutralizar la operación defensiva (inconsciente). Para el psicoanálisis serían mecanismos más propios de la cura que de la enfermedad; desde el punto de vista de la resiliencia constituyen la posibilidad de una continuidad de la vida en aceptables condiciones de salud mental.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA RESILIENCIA
No se puede abstraer el modo concebir por nuestro autor francés la construcción de la resiliencia de su concepción etológica del ser humano. Cuando dice acerca de la construcción de la resiliencia que "la genética tendrá algo que decir, pero que las interacciones precoces hablarán mucho más, mientras que las instituciones familiares y sociales contendrán lo esencial del discurso" (18), podríamos traducirlo a otras palabras suyas: "A priori, antes de hablar, es preciso que el desarrollo de mi cerebro humano esté correctamente programado; es necesario que mis ojos se encuentren con una figura de apego para suscitar en mí las ganas de hablar, y que me impregne el baño lingüístico social de los adultos que me rodean. (…) El habla ya no pertenece al cielo, sino que tiene su origen en el cuerpo, en lo afectivo y en lo social" (19).
Cyrulnik pone así en valor el carácter social de cada ser humano, cuya individualidad se construye en un campo de tensiones afectivas estructurado por palabras. Pero que en términos de la resiliencia las posibilidades de reestructuración no cesan nunca. Por eso acomete la posibilidad de trabajar con pacientes que padecen el mal de Alzheimer e insiste en que la mente de un niño, de una persona, es como un submarino que aguanta toneladas y toneladas de presión sin romperse y siempre (mientras hay vida) puede volver a flote. Para él "no hay herida que no sea recuperable. Al final de la vida, uno de cada dos adultos habrá vivido un traumatismo, una violencia que lo habrá empujado al borde de la muerte. Pero aunque haya sido abandonado, martirizado, inválido o víctima del genocidio, el ser humano es capaz de tejer, desde los primeros días de su vida, su resiliencia, que lo ayudará a superar los shocks inhumanos. La resiliencia es el hecho de arrancar placer, a pesar de todo, de volverse incluso hermoso".

miércoles, 4 de febrero de 2015

Entrevista a Mario Alonso Puig 'Sentirse víctima es un estado de ánimo muy tóxico. Hay que dar un puñetazo en la mesa'

CRONICA Entrevista a Mario Alonso Puig

'Sentirse víctima es un estado de ánimo muy tóxico. Hay que dar un puñetazo en la mesa'

  • Doctor que trabajó en Harvard y gurú de las escuelas de negocio

  • 'No nacimos para una vida mediocre, sino para una llena de ilusión'

  • Dejó la cirugía para ayudar a la gente

Mario Alonso Puig
Mario Alonso Puig Imagen de ANTONIO HEREDIA
Hay algo chocante al observar al doctor Mario Alonso Puig. Con su traje impecable. Su corbata. Su cara de niño aplicado. No le pega esa indumentaria cuando en sus charlas se pone a hablar de los inadaptados, de los rebeldes, de los que no van con la corriente. Los asistentes se fijan en él y, no, no es un hippy trasnochado, predica el esfuerzo, el Podemos, en realidad, pero el "podemos" empezar a mirarnos a nosotros mismos, individualmente, y ver de lo que somos capaces. Él es un ejemplo. Nunca dejó de formarse. Cirujano, llegó a trabajar en Harvard, pero también se instruyó en comunicación y divulgación. Es miembro de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y, en su nueva faceta, profesor visitante de las más prestigiosas escuelas de negocio.
No es raro que, cada vez que se le escuche en los congresos de El Ser Creativo, los asistentes salgan con ganas de comerse el mundo. Pasó también en el ruedo de Las Ventas, en la South Summit de Spain StartUp, donde los mejores emprendedores de España salieron con las baterías más que cargadas. Otra cuestión es lo que dure ese sentimiento en un país en el que el pesimismo goza de buena salud. Para mantener ese cambio de mentalidad que necesitamos, más allá de verle en directo, están sus libros. El último de ellos, El Cociente Agallas, premio Espasa de Ensayo, incide en el mensaje principal de este, también, divulgador científico: «Si cambia tu mente, cambia tu vida... Reinventarse, tu Segunda Oportunidad», de 2010, va ya por la vigésima edición. Desde entonces, ese verbo se ha convertido en mantra de la nueva economía. La élite del país, sin embargo, está a la espera de reinventarse. O de que la reinventen otros. Pero Mario Alonso Puig no quiere hablar nunca de política. Puede tener razón. Puede que sea la excusa para que no intentemos cambiar de manera individual.
No es un iluso, no ignora las dificultades. Habla de sentirse confundido, de tener la sensación de que todo es demasiado duro, de que se ha llegado a un precipicio, pero también explica que en esos momentos, cuando nos sentimos sin esperanza, podemos tener las herramientas dentro de nosotros sin saberlo. Que cuando necesitamos esas agallas, descubrimos de lo que somos capaces. Y suele decir que lo contrario al coraje, al valor, no es la cobardía; es el conformismo.

¿He captado bien su mensaje si concluyo que podemos cambiar nuestra realidad con el estado de ánimo adecuado?
Lo que pretendo es que seamos más conscientes de que el estado de ánimo de un grupo, de una sociedad, afecta a los resultados que se obtienen, al nivel de eficiencia, pero también a la salud física y mental. El segundo mensaje es que, pese a las circunstancias más difíciles, a los eventos más desagradables, el estado de ánimo puede hacer mucho para gestionarlos mejor. Dedicarnos a buscar en las cosas que no nos gustan, en las circunstancias incómodas, ponernos la excusa de ser siempre víctimas, eso es lo que hace que una persona pierda todo su poder como tal, que sus recursos internos, su creatividad, su energía y su salud queden atrapados. Porque ser conscientes de nuestro ánimo tiene consecuencias no sólo en cómo funcionan nuestros procesos mentales, también físicamente, en nuestro cuerpo.
Lo dice en un país que es de los que menos confía en que el futuro depende de nosotros mismos. Es difícil cambiar ese estado de ánimo colectivo y, por otra parte, puede ser casi la única manera de que salgamos en condiciones de esto.
Tenemos enormes capacidades y lo hemos demostrado a lo largo de la Historia. Esa falta de confianza en nosotros mismos es absurda, es como si arrastráramos un sentimiento de inferioridad que para nada está justificado. Si creemos que no podemos, no conseguiremos llevar las cosas a cabo. En estos momentos de ambigüedad e incertidumbre es cuando tenemos que ser mucho más conscientes de que tenemos un potencial extraordinario, que no es ninguna utopía. Pero no puede aflorar si estamos fijándonos en las excusas y en las justificaciones para no hacer nada.
Cita a Ramón y Cajal, pero ¿no es tener que irse muy lejos?
No creo que falten modelos en los que fijarnos, pero no dedicamos tiempo suficiente a buscarlos. Además, me da igual que sean del siglo XIX o en el siglo III después de Cristo. Lo que me importa es saber que hay personas que, viviendo una serie de valores, han marcado diferencias, no necesito que el modelo sea contemporáneo. Se sigue leyendo a Platón porque tiene vigencia. Estamos hablando de principios y eso resiste el paso del tiempo, esas referencias no varían. Siempre es más fácil tomar una posición de víctima que de protagonista. A veces las excusas son tan fáciles que quedamos atrapados ahí, pero eso, finalmente, genera resentimiento, frustración, reduce la eficiencia y, además, empeora la salud. Sentirse víctima es un estado de ánimo muy tóxico y, en algún momento, hay que dar un puñetazo en la mesa y decirse "yo no nací para una vida mediocre, sino para una vida llena de orgullo y de ilusión".

Lo peor de no poder ver

Lo que implica, en ocasiones, no dejarse llevar por la corriente que, ahora mismo, es de desesperanza, frustración, etc...
Decía Ortega y Gasset que yo soy yo y mis circunstancias, y claro que tienen impacto. Condicionan pero no determinan. Es verdad que hay circunstancias en las que se percibe más la ilusión y hay entornos que hacen lo opuesto, que ponen difícil que se pueda vivir con esa pasión. Pero siempre me gusta hablar de Helen Keller, una mujer que siendo muy pequeña, se quedó ciega, muda y sorda y fue la primera mujer que se graduó con honores en Harvard. Ella dijo que había algo peor que no poder ver y era no tener una visión. Porque cómo veas el futuro, determina el presente. Sabía que no podía hacer todo, pero sí algo. Decir «voy a hacer todo» no es realista, pero sí puedes hacer algo porque ahí es donde se juega todo. Imaginemos un mundo donde todos hacen un poco. Tenemos que concentrarnos en la diferencia que queremos marcar, porque es tentador irte a un foco que no funciona, y genera frustración. Así, jamás vas a hacer nada valioso. Esa actitud inmoviliza. No nos definen como humanos los fracasos que tuvimos. Con un entorno más difícil lo que ocurre es que el gesto de soberanía personal es mucho mayor, por eso hay que esforzarse en marcar esa diferencia. La oscuridad más intensa cambia cuando alguien enciende una humilde cerilla.
Pero hay personas que le ponen mucha pasión y determinación a actitudes equivocadas, ¿no? Estoy pensando ahora en los fanáticos. Tienen pasión, son activos y dispuestos a darlo todo por una visión.
Claro que hay visiones equivocadas. Son las que se intentan imponer al resto. Si eso es lo que pretendes, te conviertes en un dogmático. Cuando hablamos de visión es de firme propuesta para uno mismo, no de imponer una obligación. Algo que se propone una persona, qué hacer con su vida. El segundo error de las visiones equivocadas y fanáticas es considerar que están por encima del resto. A nivel humano, nadie está por encima del resto. Al final, estas visiones dañinas no quieren contribuir al bienestar, lo que pretenden es dominar, ganar estatus. No sirven como modelo.

La plasticidad del cerebro

Ahora nos encanta hablar a los neófitos de cómo podemos cambiar, de la plasticidad del cerebro, y resulta que usted cree que fue Ramón y Cajal el primero.
Es que a Ramón y Cajal se le sigue citando en artículos 500 veces por año, algo inédito en un Nobel de esa época. La neurociencia sigue considerando a Ramón y Cajal como referencia. Y cuando dijo lo de la plasticidad del cerebro nadie le entendió. Cajal fue el primer científico que habló de que las personas, a base de paciencia y persuasión, podemos moldear nuestros cerebro. Tenía una capacidad intuitiva sorprendente: pudo intuir la corriente nerviosa y, de hecho, dibuja las flechas siguiendo esa corriente. Intuyó la maleabilidad del cerebro.
Los españoles no hemos vuelto a tener un Nobel de ciencia. Se dice pronto. Severo Ochoa cuenta como de EEUU. Usted ha vivido en Boston, ¿qué tiene que pasar en España para que consigamos algún Nobel?
En España no se valora como allí la investigación. Se habla mucho de que es importante, pero no se valora. Los descubrimientos científicos son procesos muy largos, de 15 a 20 años, y nosotros, de entrada, descuidamos la educación. En investigación, además de deseos, hay que tener inversiones. No hay manera de que un científico salga adelante. Cajal tuvo un carácter con un coraje y determinación que a todos nos deja boquiabiertos, pero no podemos depender de que aparezcan individuos con esas cualidades. En España, los científicos tienen que pelear por cosas que son ridículas y, cuando deciden irse a EEUU, se van a terrenos más amables. A pesar de eso, conseguimos cosas sorprendentes con escasos medios.
Ha hablado de educación. Sé que hay que ser optimista, pero es difícil serlo con este asunto en España, cuando se cambian leyes y no el enfoque de cómo se enseña.
En la educación, hay que distinguir muy bien dos elementos. El performance y lo que es el potencial. El primero es lo que la persona hace y el potencial es lo que podría hacer o no está haciendo. Muchas veces nos fijamos sólo en cómo lo está haciendo y no en cómo lo podría hacer. En ese salto, ahí es donde el método tiene que mejorar. Hay que creer que hay personas que tienen dentro energías dormidas y sólo así vas a permitir que esos individuos hagan cosas que no han hecho todavía. Si no crees en el potencial de las personas, no vas a buscarlo. Si tú ves a un alumno y crees que es torpe, lo vas a tratar como tal pero, si lo ves como alguien con potencial, ganará ilusión, participará más y así es como empezará a aflorar ese potencial. Eso se puede aplicar al entorno social, educativo y empresarial. Los líderes son los que ayudan a las personas a conseguir su mejor versión. Se trata de hacerlas sentir que son capaces de encontrar soluciones y eso pide un cambio de mentalidad, porque siempre nos quedamos en una visión obtusa sobre los demás.

Usar bien la información

Un sistema educativo que incentive a hacer preguntas, que estimule un pensamiento crítico, que anime a los curiosos.
Por eso precisamente los estadounidenses están por encima. Cuando te sientes parte de un equipo a la hora de buscar una solución, tu capacidad funciona de manera diferente. No se trata de que seas alguien capaz sólo de almacenar información. Es, además, poder utilizarla de manera inteligente. El modelo al que vamos en los sistemas de educación es precisamente el que va a enseñar a encontrar respuestas entre mucha información. En las empresas ya lo han visto, con una figura de líder coach que es el encargado de generar las preguntas para que, entre todos, encuentren una respuesta conjunta. Así debería ser la educación. En empresas como Google, donde tuve la oportunidad de estar este verano, saben que se avanza con esa colaboración.
Usted abandonó la medicina para convertirse en un ensayista de éxito y en un líder motivacional. ¿Cómo fue la transición? ¿Qué culpa tuvieron sus enfermos?
No se me hubiera ocurrido trasladar esto fuera del entorno médico, pero fueron ellos, al notar un cambio en su manera de ver las cosas, en su salud, los que me dijeron que lo extendiera más allá de las paredes del hospital. Así fue como empecé a explorar si podía tener un impacto positivo fuera de allí. Y, llegó un momento en el que empecé a desarrollar tanto esa vía, que tomé una decisión, que desde luego no fue fácil, y di el salto. Estaré siempre agradecido por todo lo que aprendí de los enfermos. La primera conferencia, recuerdo, la di en el IESE de Madrid, donde había realizado un máster. Di la conferencia dedicada al talento directivo y era sobre los límites que nos imponemos. Tuvo éxito y hace cinco años fue cuando tuve que elegir.
¿Fue uno de esos niños que descubrió su talento natural pronto? ¿Se recuerda siempre queriendo ser médico?
No, mi vocación estaba relacionada con los animales. No era de familia, además, porque todos en casa eran abogados o economistas. Mi héroe era Félix Rodríguez de la Fuente pero, por circunstancias personales, a los 16 años pensé que quería dedicar mi vida a los demás.

NOMBRE: Mario Alonso Puig. ESTADO CIVIL: casado; TRES hijos. EDAD: 59 IDEA: "Decir 'voy a hacer todo' no es realista... Pero la oscuridad más intensa cambia cuando Se enciende una humilde cerilla", DEFIENDE EL GANADOR DEL PREMIO ESPASA DE ENSAYO 2013 LIBRO: 'La buena Suerte', de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes PELÍCULA: 'Gladiator', de Ridley Scott.

lunes, 2 de febrero de 2015

Cuesta incorporar nuevos habitos

¿Eres de los que se apunta al gimnasio y luego no va? ¿O tal vez no puedas resistirte a picar entre horas? ¿Te gustaría saber por qué te metes en problemas aun sabiendo que te perjudicarás? ¿O por qué sigues con esa persona que te hace sufrir? Si eres de los que cada primeros de año se propone buenos propósitos que luego no cumples, si te cuesta decir no cuando realmente quieres decir no, esta información es para ti. A mediados de enero solo el 25% de las personas mantiene sus buenos propósitos pero seis meses después esta cifra mengua hasta un 5%. ¿Por qué? Marta Romo, pedagoga y directora de Neuroclick, desvela el misterio: «Para el cerebro es agotador incorporar nuevos hábitos, lo sencillo es continuar con sus rutinas. Entrenar la voluntad es la solución. Difícil pero no imposible», advierte esta experta.
De hecho, la fuerza de voluntad reduce la tasa de ejecución de los impulsos negativos del 70% al 17%. Un estudio de la Universidad de Chicago —realizado por el psicólogo Wilhelm Hofmann (2001)— demostró que cuando las personas ceden a un deseo o impulso, lo ejecutan aproximadamente el 70% de las veces, mientras que cuando se resisten los ejecutan solo el 17%. Es decir, tirar de voluntad frena más del 80% de los impulsos no deseados. No hace falta ser muy observador para detectar la incoherencia del ser humano: una cosa es lo que sabe y dice y otra —a veces diametralmente opuesta— lo que hace: desde fumar, a los malos hábitos alimenticios, a la vida sedentaria o a no usar casco siendo motoristas. «La buena noticia es que como humanos somos libres y la voluntad es la clave para navegar por esas aguas. La ausencia de voluntad hace que cuando tengamos que tomar una decisión nos pueda lo inmediato, que pensemos únicamente en los beneficios presentes y no tengamos en cuenta las consecuencias, o no veamos más allá. Nos hacemos esclavos de nuestros instintos y dejamos de ser libres, porque la mente sin voluntad se anula en la acción», argumenta Marta Romo, autora de Entrena tu cerebro.
En la actualidad, añade Romo, el déficit de voluntad en la sociedad conduce a un gran sufrimiento e incluso a graves trastornos psicológicos, con el agravante de que se trata de un valor con poco protagonismo en la educación. «Preferimos dar caprichos a los niños para evitar que lloren, o a los adolescentes por evitar una discusión. Y lo hacemos con la mejor intención…. Sin embargo, pocas veces nos planteamos las consecuencias a largo plazo y el flaco favor que les hacemos debilitando su fuerza de voluntad».
La fuerza de voluntad o palabras como esfuerzo, disciplina o sacrificio están infravaloradas e incluso penalizadas en la actual cultura de la inmediatez, explica. «Pero las consecuencias son graves para el cerebro ya que la fuerza de voluntad opera como un músculo: se fortalece con la práctica, se fatiga con el uso excesivo o se atrofia con la falta del mismo. Podemos decir que la fuerza de voluntad necesita comer y dormir». Goleman, recuerda esta neuropsicoeducadora, definió la fuerza de voluntad – autorregulación, como la capacidad para diferir o aplazar las gratificaciones de manera racional y consistente, y lo incluyó como uno de los rasgos básicos de lo que todos conocemos como inteligencia emocional. «La ciencia ha demostrado que quienes se han dedicado a cultivar su fuerza de voluntad, han invertido en su educación y en su felicidad».
Un famoso experimento llevado a cabo por la Universidad de Stanford a principios de los 70, el «experimento de la nube» (o malvavisco, o mashmallow), relacionó consistentemente comportamientos impulsivos llevados a cabo a corta edad con deficiencias en el desarrollo de esos mismos niños durante su vida adulta, vinculando la capacidad para aplazar una gratificación (un caramelo, en este caso), con la fuerza de voluntad a lo largo de toda la trayectoria vital. «Desde mi punto de vista, lo realmente interesante de este estudio, además de la fuerza de voluntad, es nuestra capacidad de encontrar estrategias para conseguir lo que realmente queremos», concluye Romo.

La motivación, nuestra gran aliada

Otro psicólogo de la Universidad de Toronto, Michael Inzlicht, ha demostrado que sea cual sea el dominio de nuestro comportamiento, los mecanismos de nuestra fuerza de voluntad mejoran considerablemente cuando nuestra motivación es autónoma o independiente, en lugar de estar presionados o controlados externamente, relata esta experta, quien además recuerda que sin embargo, el fracaso de la voluntad es uno de los problemas centrales de la condición humana. De hecho, añade, «los déficits en la autorregulación se encuentran en un gran número de trastornos psicológicos incluyendo déficit de atención / hiperactividad (TDAH), trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, adicciones, trastornos de la alimentación y trastornos de control de impulsos». Es más, apunta: «un equipo de científicos formado por Muraven, Gagné y Rosman demostraron en 2008 que si una persona está tratando de regular su dieta o intentando dejar de fumar, las razones o motivos en las que se basa para justificar su esfuerzo influyen en su fuerza de voluntad.Cuando la motivación que subyace a los esfuerzos es autónoma y autoimpulsada, en lugar de controlada externamente, es más probable el logro de metas». Por eso para esta experta, una dieta equilibrada, ciertos permisos, la autonomía apoyada en argumentos poderosos de la persona en cuestión y el refuerzo del entorno social son los elementos cruciales para el desarrollo de la fuerza de voluntad.

Entrenamiento para el día a día

Pero, en realidad, la cosa no es tan negativa como parece. Según Marta, tenemos bastante éxito en resistir tentaciones. «Lo que sucede es que los fracasos destacan más, hacen más ruido en nuestro cerebro». Como ya se apuntaba, la fuerza de voluntad reduce la tasa de ejecución de los impulsos no deseados del 70% al 17%. Aunque son buenas noticias, ese 17% puede causar muchos problemas. Esta experta propone algunas claves para desarrollar la fuerza de voluntad, teniendo en cuenta lo que la neurociencia nos enseña. «Son claves sencillas que si transformas en costumbres pueden convertirse en tus mejores aliadas», dice Marta Romo.
1. Adopta estándares claros de autocontrol. Ten objetivos claros de autocontrol. En ocasiones somos ambiguos, generalistas y mezclamos nuestros propios límites. Esto nos lleva a tener dificultades con la fuerza de voluntad, no tanto porque no seamos capaces, sino porque no lo tenemos claro. Así que cada vez que te plantees un nuevo objetivo, formúlalo de la manera más clara posible, aunque te resulte soso».
2. Presta atención y lleva registros. Tener en mente la conducta que quieres controlar y contabilizarla ayuda y mucho. ¡Nos encantan los marcadores! Las personas comen más y beben más cuando no prestan atención, cuando están distraídas. En contraste, cuando se ponen a dieta a menudo llevan cuidadosos registros de qué comen y cuántas calorías consumen. Comparar la realidad con el estándar es clave para un autocontrol efectivo. Está demostrado que si tienes un 90% de la atención realmente no tienes atención. Es necesario el 100% de nuestra atención para prestar atención. Para tener éxito en tus propósitos, es fundamental el foco. La multiplicidad hace que se pierda foco y nos despistemos.
3. Externaliza y confía tu voluntad en alguien. La atención se focaliza sobre todo con interacción social porque genera cierta tensión y recompensa inmediata cuando consigues tus resultados o los compartes. Así que compartir tus propósitos con los demás te ayudará a aumentar tus niveles de atención. Contar con un apoyo extra es formidable. Encontrar, por ejemplo, a alguien que te motive a ir al gimnasio o que vaya contigo, cuando ese es uno de tus objetivos.
4. Carga tus baterías de voluntad. La fuerza de voluntad se consume al usarla, el descanso y la glucosa, como hemos visto ayudan. Menuda paradoja, para no comer se necesita voluntad, pero para tener voluntad se necesita comer (glucosa). Para cargar tus baterías, toma muy en serio la alimentación, el sueño, la actividad meditativa y no hacer nada.
5. Administra tu voluntad. Como hemos visto, tenemos una cantidad limitada de energía relacionada con el autocontrol. Hay muchas actividades que también drenan esta misma energía, como tomar decisiones o resolver un conflicto. Por lo que el autocontrol puede flojear después de estas situaciones. Así que de vez en cuando, se recomienda darle un descanso a la voluntad, dejar de apretar los controles. Los premios y el refuerzo positivo funcionan.
6. Busca la motivación autónoma. Sabemos que los mecanismos de nuestra autorregulación son favorables a nosotros mismos cuando la motivación es autónoma e independiente, y que estar presionados o controlados externamente bloquea nuestra fuerza de voluntad a largo plazo, ya que nos lo pone más difícil. Hacer este ejercicio de discernimiento para identificar nuestras motivaciones intrínsecas antes de lanzarse por un objetivo es crucial para ponértelo más fácil. Y cuando no las hay, ármate de toda la artillería para combatir las posibles distracciones y dificultades que tú mismo te pondrás.
7. Sal del automático. Como dice Baumeister: «El comportamiento habitual trabaja en piloto automático. Para incrementar el poder de la voluntad, debes sobre-escribir el piloto automático y tomar control deliberado». Como la fuerza de voluntad se ejercita deliberadamente, es interesante que de vez en cuando te salgas de la rutina y busques hacer las cosas de otra manera.
8. Perdona tus errores. Cometer errores es inevitable y humano, pero tu fuerza de voluntad será más fuerte si logras superarlos. El problema es cuando nos quedamos enganchados a través de la culpa, que es muy adictiva, y los vivimos como un fracaso. «Perdonarte a ti mismo por tus errores aumenta la motivación y el compromiso con tus metas», afirma la socióloga y catedrática de la Universidad de Standford y experta en autorregulación, Kelly McGonigal.
9. Identifica las posibles molestias que surgen cuando piensas en tu reto. Seamos realistas, ganar en fuerza de voluntad es incómodo. Anticipar ese posible malestar en forma de pensamientos, emociones o posibles distracciones, te ayuda a desmantelarlos, a estar prevenido antes incluso de que te asalten inesperadamente.
10. Reconoce y acepta tu polaridad. Ese péndulo que todos tenemos y que oscila entre una parte de ti que quiere ser impulsiva y otra que quiere ser reflexiva. Describe los deseos de tus dos partes e identifica cuál es la mente impulsiva que prefiere la gratificación instantánea, la que se queja y la que siempre posterga los buenos hábitos. Este ejercicio te ayudará a reconocer cuándo tu parte impulsiva está tomando control sobre tus acciones para lograr interrumpirla en el momento adecuado.

domingo, 1 de febrero de 2015

¿Por qué es tan importarte el autoconocimiento?

¿Por qué es tan importarte el autoconocimiento?


Decimos que el autoconocimiento es la primera aptitud de la inteligencia emocional ya que es fundamental para nuestro día a día, sobre todo en la época que estamos viviendo y muchos “sufriendo”.
Infinidad de personas desconocen y demandan herramientas útiles para conocerse conocerse a sí mismas. La importancia de conocernos, saber cuales son nuestros puntos fuertes, débiles, quienes somos y para que estamos viviendo la vida que vivimos son preguntas que muchos alguna vez nos hemos hecho o seguimos pasando por alto.
Por ello, te invito a adentrarte en tu precioso mundo interior y vivir de una forma plena y auténtica. La ilusión y motivación por auto-descubrirnos es esencial, comenzando por conocer los objetivos que tienes y las herramientas a tu disposición para conseguirlos. Con este primer paso conseguirás cualquier cosa que te propongas.
Decimos que la vida se basa en continuos cambios que nos permiten aprender, evolucionar y crecer tanto interiormente como exteriormente. Estamos inmersos en toma de decisiones cada día, las cuales si no conocemos nuestro potencial, corazón y persona siempre estaremos tomando a la ligera y herrando continuamente una y otra vez. Todo ello se traduce en una vida llena de insatisfacción, bloqueos personales y no creernos validos para conseguir nuestras metas y sueños personales.
Viví una experiencia así que me encantará compartir con vosotros. Os lo puedo resumir en la gran necesidad que tuve un día ya lejano de pensar y replantearme muchas cosas: relaciones sentimentales, sueños, metas personales, valores internos, “mis pilares” íntimos, y lo mas importante “quien era yo y por qué estaba aquí”.
Mi corazón comenzó a hacerme sentir la importancia de conocerme a mi misma para poder orientarme profesionalmente hacia lo que, en la actualidad es mi pasión y me encanta regalar a las personas, al mundo.
Hago un parón para regalaros un precioso vídeo que a mi en su día me abrió el alma y el “quién soy yo”.


Si todavía sigues sintiendo interiormente la necesidad de conocer datos sobre ti, ha pasado tiempo y sigues sin haber obtenido “grandes” resultados en tu autodescubrimiento no te preocupes. Es muy normal. Cuando hablamos sobre nosotros mismos nos resulta difícil. Solemos pensar que nos conocemos muy bien pero muy pocas veces nos detenemos a pensar y reflexionar, escribir nuestras metas y las características personales que facilitarán o dificultarán la consecución de las mismas.
Debido a esto, es muy importante objetivar lo que sabemos sobre nosotros mismos: nuestro potencial personal.

¿Cuáles son las 20 preguntas que me autodescubrirán?


Llegados a este punto me encantaría que realizáramos el comienzo de este proceso de autodescubrimiento juntos. ¿Cómo? Respondiendo a estas 20 preguntas que sé te harán reflexionar sobre tu persona e interior. También, si os animáis podéis dejar vuestros comentarios para conoceros un poco más.
1) ¿Cómo de viejo/a te sentirías si no supieras la edad que tienes?
2) ¿Qué es peor para ti: fallar o no intentarlo?
3) ¿Cuál es la primera cosa que cambiarías en tu vida?
4) ¿Estás haciendo lo que quieres o te conformas con lo que estás haciendo?
5) Si pudieras ofrecerle a un niño un solo consejo ¿cuál sería?
6) ¿Violarías la ley para salvar a un ser querido?
7) ¿Qué es lo que sabes hacer mejor y de forma diferente que los demás?
8) ¿Cuál es la cosa que te hace más feliz?
9) ¿Qué es aquello que no has hecho y te gustaría hacer? ¿Qué te detiene?
10) ¿Pulsas el botón del ascensor más de una vez? ¿Crees de verdad que irá más rápido?
11) ¿Has sido el amigo que te hubiera gustado tener?
12) ¿Cuál es la única cosa que salvarías si tu casa se estuviera incendiando?
13) ¿Se ha hecho realidad alguna vez tu temor más grande?
14) ¿En qué momento de tu pasado te has sentido más vivo/a?
15) Si supieras que el mundo se va a acabar mañana ¿qué lugar visitarías?
16) ¿Estarías dispuesto a reducir tu esperanza de vida en 10 años por llegar a ser muy atractivo/a o famoso/a?
17) ¿Qué harías si supieras que nadie te va a juzgar por ello?
18) ¿Cuál es la persona que más amas en este mundo?
19) ¿Qué amigo/a te gustaría que respondiera estas preguntas? ¿Le has invitado a responderlas? ¿Por qué no?

Aprende a Disfrutar Hablando en Publico

Puede que el cuatrigésimo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama,no haya cumplido las expectativas que generó tras llegar al poder en 2008 –gracias a su famoso Yes, we can– pero no cabe duda de que, en lo que respecta a la oratoria, es uno de los mejores políticos de los últimos tiempos.
Obama ha sido siempre muy cuidadoso con sus discursos, pero hay que recordar que, como la mayoría de políticos, cuenta con asesores que le ayudan a redactarlos. Uno de ellos fue Adam Frankel, que escribió muchos de los discursos del presidente en defensa de la reforma del sistema salud y algunas disertaciones ya clásicas como la del homenaje a los 29 mineros del carbón que murieron tras una explosión en West Virginia en 2010.
Frankel asegura en un artículo publicado en Time que la mejor manera de aprender a escribir discursos es leer los grandes, “de la Oración Fúnebre dePericles al ‘He ido a la cima de la montaña’ de Martin Luther King, pasando por el discurso de aceptación del Nobel que pronunció Faulkner”. Pero si lo que quieres es una serie de consejos rápidos para mejorar tus alocuciones públicas, Frankel ofrece 6 claves.
1. Escribe como hablas
“No existe una ley suprema de la redacción de discursos, pero si hubiera una, sería probablemente esta: un discurso está hecho para ser hablado, no leído”, asegura Frankel. En su opinión, este obvio consejo tiene importantes implicaciones que no todo el mundo tiene en cuenta. Cuando hablamos usamos oraciones mucho más cortas de las que empleamos escribiendo, algo que olvidamos con frecuencia. Hay frases muy resultonas en el lenguaje escrito que resultan farragosas en el lenguaje hablado y que haríamos bien en evitar. La única forma de comprobar que hemos escrito un discurso adecuado para ser pronunciado es leerlo en alto mientras lo escribimos.
2. Cuenta una historia
Frankel recuerda la primera vez que escribió un discurso para Obama. Lo primero que el presidente preguntó a sus asesores es: “¿Cuál es la historia que estamos tratando de contar?” Un discurso tiene su propio desarrollo narrativo. Tal como explica Frankel a Obama suelen gustarles los discursos con un comienzo lento y cálido, una mitad con sustancia y un final inspiracional. Ese es su estilo, pero no tiene por qué ser el tuyo. Lo importante, asegura el escritor, es que cuentes una historia con la que te sientas cómodo. Hoy en día los políticos tienden a llenar sus alocuciones de cifras y estadísticas, algo que, según Frankel, nunca será tan poderoso como una buena historia.
3. La estructura importa
Es muy habitual que al escribir un discurso tengamos claro qué queremos contar pero no tanto cómo hacerlo. La estructura de un discurso es importante, pues un argumento lógico, claro y bien dividido, es más persuasivo que uno deslavazado. No es de extrañar, como explica Frankel, que muchos de los mejores oradores, incluido el propio Obama, vienen del mundo del Derecho, donde se aprende enseguida a elaborar argumentos con una estructura lógica. Un truco para estructurar bien un discurso es hacer una lista con los puntos que quieres tratar.
4. Sé conciso
El presidente estadounidense Woodrow Wilson (que gobernó el país entre 1913 y 1921 y fue responsable de la entrada de EEUU en la I Guerra Mundial) tenía una idea clara sobre la longitud de los discursos: “Si quieres que hable durante cinco minutos, necesitaré un mes para prepararme. Si quieres que hable durante 20 minutos, necesitaré dos semanas. Pero si quieres que esté una hora hablando estoy ya listo”.
Saber resumir es en ocasiones la parte más difícil de un discurso. Lo primero que debemos de tener claro es que nuestra audiencia va a distraerse si somosrepetitivos y nos vamos por las ramas. Frank recomienda que eliminemos todas las palabras de nuestro discurso que no sean necesarias para dar sentido a éste. Nos cargaremos muchas más de las que pensamos.
5. Se auténtico
Lo peor de los discursos de la mayoría de políticos actuales –al menos los españoles, que son a los que estamos más acostumbrados– es que suenan más falsos que un billete de 60 euros. Por desgracia, estamos habituados a que los políticos nos mientan pero es que, además, sus discursos pocas veces suenan sinceros. Es dudoso que Obama sea más honesto que nuestros políticos, pero hay que reconocer que al menos sus palabras suelen dar la impresión de serlo.
Frankel recuerda una reunión para escribir el discurso que Obama debía pronunciar en la Convención Demócrata de 2008. El presidente se detuvo en cierta parte del discurso y dijo a sus asesores: pensad en el momento en el que estamos, pensad por lo que está pasando el país y escribid algo que sea verdad”. Si creemos en lo que estamos diciendo nuestro discurso sonará convincente. Contar una historia personal puede ser un buen recurso para lograr este efecto.
6. No sólo hables, di algo
Si tienes que escribir un discurso, por el motivo que sea, trata de que este sea bueno. ¿Y cuáles son los buenos discursos? Los que nos dicen algo importante. Los buenos oradores son capaces de conmover al auditorio sin importar que estén arengando a las Fuerzas Armadas o inaugurando una feria de ganado. “La grandeza de un discurso tiene más que ver con los valores que con cualquier otra cosa”, asegura Frankel. Si quieres hacer un buen discurso evita tener un perfil bajo, apunta alto y trata de llegar al corazón de tus oyentes.